Dirijo este artículo a los compañeros y compañeras que aún estando en el bar de la estación no se enteran de cuándo pasa el autobús... puede parecer extraño pero ocurre.
Si pretendemos dar un giro a la deriva a la que nos han condenado las políticas neoliberales, que no es otra que a la pobreza y de la forma más injusta, tenemos la obligación moral de sacudirnos la somnolencia que parece aletargarnos de forma permanente, y que parece llevar a muchas personas a la inacción total.
Debemos instalarnos todos y todas en la honestidad, dejar de mirarnos el ombligo y mirar alrededor para obtener una visión global de lo que nos rodea, ya no vale hacernos trampas a nosotros mismos y buscar culpables del porqué hemos llegado a esta situación, o damos un paso y afrontamos con valentía las amenazas que se ciernen sobre nosotros o démonos por muertos.
Encerrados y encerradas en el caparazón del funcionario o funcionaria no obtendremos más que derrotas, mayores o menores, con rapidez o lentitud, pero derrotas...
Tenemos dos opciones, una positiva que es buscar el camino de la justicia y el equilibrio, otra, negativa, desarrollar la incultura por medio de actividades antisociales de toda índole, ésta es la que desgraciadamente está imperando actualmente en nuestra sociedad, y así nos va...
Os animo a no caer en la incapacidad de la cobardía, a no caer en la incapacidad de perder la perspectiva histórica, porque esta incapacidad nos llevará, como decía al principio, a no enterarnos de cuándo pasa el autobús, aún estando en el bar de la estación.
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