El Pleno del Congreso aprobó este martes definitivamente los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2016. Son las quintas cuentas públicas de Mariano Rajoy y las más controvertidas, por su tramitación apresurada y atípica (llegaron a la Cámara Baja en pleno agosto, casi dos meses antes de lo habitual), con la vista puesta en las elecciones de final de año, y, ante un eventual cambio de inquilino en La Moncloa, tendrán que gestionados por un nuevo Ejecutivo.
Algunos expertos y la oposición han alertado sobre la endeblez de las previsiones contempladas en los Presupuestos. Incluso la propia Comisión Europea ha puesto firme al Gobierno la pasada semana a causa del posible incumplimiento del objetivo de déficit para 2015 y 2016. Rajoy ha ignorado el toque de atención de Bruselas, y ha insistido reiteradamente que no va a cambiar las previsiones del próximo año y que antes de diciembre, se cumplirá el déficit.
Algunos expertos y la oposición han alertado sobre la endeblez de las previsiones contempladas en los Presupuestos. Incluso la propia Comisión Europea ha puesto firme al Gobierno la pasada semana a causa del posible incumplimiento del objetivo de déficit para 2015 y 2016. Rajoy ha ignorado el toque de atención de Bruselas, y ha insistido reiteradamente que no va a cambiar las previsiones del próximo año y que antes de diciembre, se cumplirá el déficit.
Los analistas alertan que el desfase en los próximos presupuestos ronda los 10.000 millones de euros. Esto podría obligar al nuevo Gobierno que salga de las urnas del 20-D a nuevos recortes y ajustes para poder cumplir con Bruselas, entre otras trampas que dejan las cuentas públicas preparadas por Rajoy.
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